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Tuesday, April 16, 2013

Centro Internacional de la Familia de Nazaret


Una casa que represente a todas las familias del mundo, que sea un centro de espiritualidad familiar, formación de vida de pastoral será edificada en la ciudad de Nazaret. La iniciativa fue presentada, junto a la nueva fundación vaticana Centro Internacional de la Familia de Nazaret, esta mañana, en la Sala de Prensa de la Santa Sede, con la presencia del presidente del Pontificio Consejo de la Familia, monseñor Vincenzo Paglia, del obispo auxiliar de Jerusalén, monseñor Giacinto Marcuzzo y del presidente italiano de Renovación en el Espíritu Santo, Salvador Martinez

“El Centro –indicó monseñor Paglia– fue una intuición de Juan Pablo II en 1997 durante la Jornada Mundial de la Juventud, como signo de apoyo a las familias de todo el mundo. Con la invitación de que 'espíritu de la Sagrada Familia de Nazaret' reine en todos los hogares cristianos”.

Monseñor Paglia precisó que Benedicto XVI para dar una adecuada configuración jurídica al proyecto, dispuso la erección de la fundación vaticana Centro Internacional Familia de Nazaret, cuyos locales están en el Pontificio Consejo de la Familia.

Añadió que se vuelve necesario “volver a proponer una nueva cultura de la familia” y recordó que Nazaret es uno de los lugares de extraordinaria fuerza evocativa y simbólica: "Es el lugar en donde Jesús creció, de su casa, y en donde vivió con María y José. Y a llamar a Dios como Abbá, Padre, como indicó de reciente el papa Francisco”.

Se levantará por lo tanto en Nazaret el Centro Internacional por la Familia, un centro de espiritualidad familiar, formación de vida y de pastoral. Será también un observatorio permanente de estudio sobre la pastoral familiar en el mundo, en particular en Tierra Santa y Medio Oriente, en colaboración con las Conferencias Episcopales de todo el mundo, universidades católicas e instituciones internacionales de inspiración cristiana.

Dará además apoyo material a las familias en dificultad, en particular en Tierra Santa a través de proyectos internacionales.

El doctor Martinez indicó que la fundación tiene la finalidad de la formación y evangelización de las familias y su pastoral. Y precisó que la Fundación es dirigida por un consejo de administración compuesto por cinco miembros, tres elegidos por la asociación Renovación en el Espíritu y dos por el Pontificio Consejo para la Familia.

Añadió el deseo de lograr que el Centro Internacional de la Familia de Nazaret sea un lugar privilegiado para la difusión del 'evangelio de la familia' una vitrina de todo lo bello, bueno, verdadero y justo que la familia propone y testimonia al mundo y para ello participarán tantas universidades, centros, movimientos, comunidades y asociaciones, en un trinomio que se puede definir Papa, Familia, Tierra Santa.

Será en Nazaret, lugar donde inició todo y todo puede recomenzar, uno de los lugares más pacíficos de Tierra Santa, ciudad preservada por Dios en la que reside un 40% de cristianos respecto al 1% de las otras ciudades de Israel. Un primado el de Nazaret, que se propone también en clave ecuménica, y que puede contagiar un nuevo amor por las familias de todo el mundo.

El centro surgirá en la cima de la colina que domina el centro habitado y la Basílica de la Anunciación, en un terreno que es propiedad de la Santa Sede. Tendrá un auditorio de 500 asientos, un centro diocesano, salas de encuentro y estudio, una iglesia con 500 puestos, una residencia con 100 habitaciones para acoger familias, así como una ludoteca para los niños y áreas de recreación.

El centro que tendrá un costo de aproximadamente 12 millones de euros, tendrá también un portal de la familia, para dar una “ayuda subsidiaria horizontal” a miembros de familias que encuentran dificultades en su vida diaria, que contará con apoyo de especialistas, psicólogos, economistas, educadores sacerdotes, y que permitirá una interacción entre las familias de todo el mundo.

Fuente: Zenit.org

Wednesday, January 9, 2013

"Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús", Pablo VI


“Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento del Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el silencio profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantandora manifestación del Hijo de Dios entre los hombre... Aquí en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo”. PABLO VI, Nazaret 5 de enero de 1964.

Monday, July 9, 2012

Nazaret, espiritualidad de los acontecimientos, por María Dolors Gaja, M.N.


Vivir en Nazaret supone tener la audacia de asumir todas las preguntas que la persona se plantea buscando en los signos de los tiempos, en el día a día, en la rutina cotidiana, esa sinfonia maravillosa que es ver el mundo bajo la mano amorosa de Dios.

Vivir escrutando el cielo, masticando cada acontecimiento, dejándolo reposar en el corazón – como María- aceptando con naturalidad que se nos resista su significado sin por ello dejar de creer que tiene profunda significación cualquier tilde de nuestra vida.

Tener todas las preguntas y abandonar el ansia y la inquietud por las respuestas, creyendo que Él saldrá por algún lado para hacernos ver con claridad aquello que, para nuestro torpe corazón y nuestra mirada tantas veces opaca, permanece oculto en lo secreto.

Vivir en Nazaret supone creer que el ritmo de Dios no se detiene, que Él actúa siempre y que, no sabemos cómo, mil gracias derramando, pasa por mi pequeña tarea, mi dolor de cabeza, mi rabieta o malhumor, mi gozo y mi pena, dejándolos transfigurados, vestidos de hermosura.

Las preguntas que se haría María, las que se hizo José fueron, abandonadas en Dios, anclas que los amarró al cielo. Con frecuencia puede que no entiendas porqué ocurre esa desgracia, qué quiere decir esa inquietud que sientes en la oración, adónde te lleva ese nuevo compromiso, cómo acabará esa misión que has comenzado, de qué manera vas a soportar tanto dolor...esas son las preguntas que lanzadas al cielo pueden anclar tu corazón en Dios. ¿O acaso no te has fijado que el interrogante tiene forma de anzuelo? “Enganchados” a su corazón Infinito conoceremos no la respuesta que buscamos sino su Grandeza. Y conoceremos también que, pese a todo, nuestra pequeñez es esa lámpara que la Luz necesita para brillar en casa.

Vivir en Nazaret te anima a orientarte, como los marinos, como los antiguos peregrinos, mirando las estrellas. La de Nazaret es una espiritualidad sideral, una espiritualidad que te hace mirar la tenue luz de las estrellas para saber dónde poner el paso siguiente. Nada más. Paradójicamente este escrutar al cielo no nos asegura la Luz pero sí la voz de Dios diciendonos constantemente: no tengas miedo, yo estoy contigo.

Vivir en Nazaret es aceptar vivir como la mayoría o la casi totalidad de los humanos: en el anonimato y en la noche. Pero desde una fe y una confianza tan profunda en la misericordia de Dios, en que todo lo encamina al Bien, que la noche se hace transparente. Es noche que no interrumpe su historia con nosotros. Porque de noche sucedieron las grandes claves históricas de la Salvación: una noche nace Aquel que es Luz del mundo y una noche, más clara que el día, lo ve resucitar. En la noche pues, pero como centinelas. En la noche, pero como vírgenes que sostienen su débil lámpara. Una lámpara que no las ilumina a ellas sino que señala el camino al Esposo...

Nazaret es intemperie. No hay mañana seguro pero es el futuro. Es maná agradecido, jamás despensa. Es provisionalidad y abandono, libertad y pobreza.Nada hay seguro en Nazaret salvo la Providencia de Dios. Nada puede darse por sentado ni por sabido porque Él puede ampliar la tienda que lo aloja – el corazón- o sacarte de la tierra para llevarte a una que sólo Él ve. Mas para quien ama la humanidad de Dios, para quien ama Nazaret, una oficina, una cocina, una cama o silla de ruedas, puede ser su Nazaret. Basta con aprender a leer los signos pobres, con azuzar el espíritu y no dejar que se aletargue, con ir soltando amarras para anclarse más en Dios.

Nazaret no es un camino hecho, es una senda que mis pasos deben abrir cada día. Nadie va a Dios por el mismo camino que otro ha ido, dice el poeta.

Asumir Nazaret es, en definitiva, asumir un Dios extraño. Un Dios que no hace ostentación, que no ama ni busca las manifestaciones incuestionables. Tampoco es un Dios que se esconda, como quien juega. Somos nosotros que, teniéndole delante no le vemos. No sabemos entenderle, no sabemos escucharlo.

Por eso, Nazaret es la escuela de toda la humanidad, de toda la Iglesia. ¡El mismo Jesús aprendió en Nazaret a descubrir la Voluntad de Dios sobre Él!

Vayamos pues a Nazaret. Porque es en los acontecimientos, en la vida cotidiana, que Dios sigue obrando en mí. Es en todo lo que sucede y me sucede que yo puedo crecer – como Jesús- en sabiduría y gracia.

A nosotros nos ha sido dado conocer los designios secretos del Reino (Mt 13,11). ¿Por qué pues, somos capaces de interpretar el aspecto del cielo y no sabemos leer los signos de los tiempos? (Mt 16,3)

Que Jesús, María y José sean nuestros maestros.

Nazaret, espejo de lo invisible, por María Dolors Gaja, M.N.


De pequeña circulaban por mi casa unos tebeos llamados “Vidas ejemplares”. Podían ser de un inventor, un explorador o un santo y me hicieron un gran bien. Recuerdo perfectamente las viñetas de la vida de Thomas Edison y siempre me ha acompañado la escena en que, siendo él pequeño, su madre enfermó de gravedad y el médico decidió practicarle una intervención en el mismo hogar. Pero no se decidía porque no había luz suficiente.

El pequeño Thomas, viendo que su madre corría peligro, salió de su casa y rompió los cristales de una sastrería cercana de la cual sustrajo dos grandes espejos que colocó al lado de la cama de su madre para luego buscar todos los quinqués posibles. La luz aumentó al reflejarse y el médico, deshaciéndose en alabanzas del niño, pudo sanar a la madre.

La Luz es el misterio inefable que todo lo envuelve y a todo da vida. Ella da identidad, hermosea y transfigura sin destruir nada. Jesús se definió a sí mismo como Luz del mundo (Jn 8,12). Pero esa Luz nació en un hogar que reflejaba “como en un espejo, la Gloria del Señor” (2 Co 3,18). Nos parezca o no posible, Jesús creció en Nazaret y al crecer, creció y se expandió la fuerza de su Luz. Y esa es nuestra vocación: ser espejo de la Luz.

Nazaret supone vivir en clave de Magnificat y al cantar el Magnificat, María afirma con rotundidad que su alma engrandece a Dios. ¿Podemos engrandecer a Dios que es el Creador de todo? ¿Puedo yo, criatura, hacer más grande a mi Creador? José y María así lo hicieron. Sus corazones fueron tan límpidos y transparentes que reflejaron la Luz de Dios y la multiplicaron ante nuestros ojos, poco avezados a ver al Invisible. Dios se proyectó sobre Nazaret, sobre esa pareja originaria de una Nueva Creación y recreó la faz de la tierra.

Tengo para mí que el dogma de la concepción inmaculada de María y de José ( el de José no es aún dogma pero sí verdad sencilla en la que muchos ya creemos. Porque si Dios se escogió una madre sin pecado, ¿iba a escoger un padre pecador? Sólo es posible responder afirmativamente a eso si creemos que la maternidad física de María es lo más importante. Algo que Jesús mismo desmiente cuando elogian a su madre y Él reconduce el elogio para incluir a José: Felices lo que escuchan y creen... tiene mucho que ver con ese reflejar y multiplicar la Luz.

El alma rota por el pecado es como un espejo que se hace añicos: refleja fragmentos de Luz, fragmentos de Dios. Cada vez que pecamos “empequeñecemos a Dios” porque nos rompemos y así rompemos la imagen del Dios Invisible que es Luz y Amor. Dios no se empequeñece, lo que se empequeñece es la imagen que de Él transmitimos. José y María no hacen “más grande a Dios” pero al vivir la unicidad de corazón, al ser un magnífico espejo sin fisura alguna, al ser grandes ellos, reflejaron como nadie la Luz de Dios que, desde Nazaret, sigue llegando a nosotros. Porque el Misterio de Nazaret es como el nacimiento de una nueva estrella cuya luz nos va llegando millones de años después de nacer.

No obstante, Nazaret es tan solo preludio del cielo. “Ahora vemos como en un espejo, después veremos cara a cara...y conoceremos todo tal como Dios nos conoce” (1Co 13,12) Si Jesús es Imagen del Dios invisible, ser de Nazaret significa ser Imagen del Cristo. Para ello es preciso “despojarse de las obras de las tinieblas y revestirnos de la armadura de la Luz” ( Rm13,12).

Ser de Nazaret significa engendrar cada día a Dios y eso sólo es posible si vivimos en el Espíritu. Porque si el Espíritu hizo brotar la vida en un seno virginal y en las entrañas estériles de Isabel puede sin duda reunificarnos por dentro. Para Dios nada hay imposible, basta que dejemos nuestros fragmentos rotos en sus manos y le pidamos que sople su hálito divino, el único que nos devolverá la unidad que rompe el pecado.

Dios viene a nosotros por caminos distintos de los que nosotros frecuentamos para “alcanzarle”. La humildad y el abandono son sus senderos preferidos. Senderos propios de Nazaret desde que José y María los frecuentaron y desbrozaron para nosotros.

http://www.vivirennazaret.blogspot.com/