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Monday, May 12, 2014

Saturday, January 25, 2014

Blogosfera: Reeducando a Mamá


Antes de ser madre pensaba que a los niños había que criarlos a golpe de: "Quién bien te quiere te hará llorar" y que "la letra con sangre entra". Pero mis hijos lo han cambiado todo. Ahora sé que tengo que sostenerlos, nutrirlos, amarlos sin límites y dejarme llevar por mi deseo maternal. Como hija del patriarcado conductista necesito reeducarme. Y en esta reeducación mis hijos son mis mejores profesores.

María Berrozpe:

Mujer, hija, doctora en biología, esposa y madre. Como a tantas otras personas de esta “blogosfera maternal” la maternidad cambió mi concepción de la vida y del mundo en que me había tocado vivir. Con el nacimiento de mi primer hijo comencé un camino de aprendizaje fascinante que me inundó de unos conocimientos que han producido en mí cambios, de una naturaleza y profundidad, que nunca hubiera esperado.

Thursday, May 2, 2013

PADRE CON ENTRAÑAS MATERNALES, por Martín Gelabert, O.P.



Resulta muy llamativo eso que dice el Credo de la fe cristiana, tal como fue formulado en el siglo IV: “Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos… Engendrado, no creado”. 

Más aún: hay un Concilio de la antigüedad (el Concilio de Toledo, año 675) que afirma que “el Hijo fue engendrado y nació del seno del Padre”. O sea, Dios Padre tiene un Hijo, que nace de su seno, porque él lo ha engendrado. Nosotros no solemos decir que el padre engendra y mucho menos que tiene un seno. La que engendra, la que da a luz, la que porta al niño en su seno, es la madre, aunque evidentemente el padre interviene en el engendramiento.

En todo caso, entrar en estas cuestiones de tipo sexual para ver hasta qué punto pueden aplicarse a Dios me parece una equivocación. Porque Dios está más allá de las distinciones sexuales. En todo caso, una buena analogía para entender la “generación” en Dios sería la de la mente humana que engendra la palabra.

Ahora bien, el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. De ahí se deduce que, en cierto modo, Dios es semejante al ser humano. Y por tanto, tiene que integrar en su realidad divina lo que en nuestro campo se llama masculino y femenino. De hecho, en la Sagrada Escritura, se atribuyen a Dios cualidades tanto masculinas como femeninas.

El Antiguo Testamento presenta varias veces el amor de Dios a su pueblo bajo la figura de madre. El profeta Isaías (49,14-15) compara a Dios con una mujer que no olvida al hijo de sus entrañas. En Is 66,13 se dice que Yahvé consuela como una madre; en el Salmo 131 se compara a Dios con el regazo de una madre; y en otros textos el amor de Dios es comparado al amor de una madre que lleva a su pueblo en su propio seno, dándolo a luz en el dolor, nutriéndolo y consolándolo (Is 42,14; 46,3-4).

En la conocida como parábola del hijo pródigo, la reacción del padre ante el hijo que vuelve evoca las entrañas maternales: “todavía estaba lejos cuando el padre lo vio y, conmovido en sus entrañas, corrió a su encuentro y se lanzó a su cuello, cubriéndolo de besos” (Lc 15,20). Los rasgos son aquí más maternales que paternales. Se trata de un padre con sentimientos y entrañas maternas.

Para caracterizar quién es el Padre del cielo no bastan las características del padre terreno; hay que añadir además las perfecciones de la madre. Solamente asumiendo las dos figuras de padre-madre expresamos lo que creemos en la fe: hay un misterio último, acogedor, fuente y principio de todo, que nos invita a la comunión, del que todo viene y hacia el que todo va: el padre y madre celestial.

Fuente: http://movil.dominicos.org

Sunday, July 15, 2012

La madre de los Zebedeo (Mt 20,20-23), por Julio González, S.F.

Mateo 20:20-23

20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. 21 Él le dijo: «¿Qué quieres?» Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino.» 22 Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Dícenle: «Sí, podemos.» 23 Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre.»

El evangelio de Jesús es generoso en sorpresas: padres que se comportan como madres, y madres que se comportan como padres.

Padres que se comportan como madres

En una sociedad patriarcal, el comportamiento del padre del hijo prodigo es una sorpresa para todos. El hijo menor había menospreciado a su familia (el hermano mayor lo sabe muy bien), y el padre debía "poner las cosas en su sitio". Sin embargo, este padre no actúa en ningún momento como "el cabeza de familia": ni cuando le da a su hijo lo que pide, ni tampoco cuando el hijo vuelve a casa "porque hasta los esclavos de mi padre viven en mejores condiciones que yo".

La ternura de este hombre escandaliza hasta al padre "más justo". "El modo de comportarse de este padre no es justo", dirían los padres de la época de Jesús: "Va en contra de los derechos del hermano mayor y pone en peligro el bienestar de toda la familia".

Las madres tienden a juzgar los errores de sus hijos de otra manera porque son carne de su carne... Por eso, los padres sabían que cuando castigaban a un hijo también castigaban a su madre. Los éxitos de los hijos eran los exitos del padre ("mi hijo trae honra a esta casa"), pero los errores de los hijos son los errores de la madre ("ese hijo tuyo...").

Madres que se comportan como padres

Hoy vemos el caso contrario: ¡una madre que se comporta como un padre! Cuando la madre de los Zebedeo, los apóstoles Santiago y Juan, pide "honores y privilegios" para sus hijos, esta madre ha cambiado su rol.

La mujer se pone en evidencia delante de Jesús y los otros discípulos, y también pone en evidencia a sus hijos, Santiago y Juan. No solamente por lo que pide sino porque no es ella a quien le toca pedirlo.

Hoy solemos leer este episodio como una indicación de que esta mujer no ha entendido todavía el mesianismo de Jesus, pero para los primeros seguidores de Jesus la sorpresa inicial no estaba en lo que esta madre pedía sino en su atrevimiento para presentarse ante Jesús con unas prerrogativas propias del padre, no de la madre.


El evangelio de la familia

Esta crisis de roles en el evangelio de Jesus no es una coincidencia. Jesús habla de la familia porque ella es la primera escuela, el primer taller, la primera iglesia de todos nosotros. Nuestra salud (física, emocional, espiritual) está condicionada por los valores y las vivencias que compartimos en familia. Por eso, la llamada de Jesús a la conversión, al perdón, a la reconciliación, va dirigida en primer lugar a cada uno de nosotros y, en nosotros, a nuestras familias.

El mensaje de Jesús a la familia fue una "provocación" en su tiempo y también es un reto para las familias de hoy. Esta "conversión" en los roles de padre y madre no es presentada en los evangelios como un modelo a seguir sino para hacernos "despertar" ("vigilad, estad alerta") de la normalidad en que creemos vivir.

En realidad, Jesús apunta mucho más allá de nuestros roles y prerrogativas. A través del cuestionamiento de las seguridades y privilegios de los miembros de una familia, Jesús cuestiona toda una mentalidad y manera de vivir.